Una .45 para pagar la renta

Por traducción por Luis Báez
De "Tales of ordinary madness" (City Lights Books, 1983), de Charles Bukowski
 
  • Duke tuvo esta hija; Lala, la llamaron, tenía 4. fue su primera hija; él siempre procuró no tener hijos, temía que terminaran asesinándolo de algún modo, pero ahora estaba loco y ella lo deleitaba, sabía todo lo que Duke estaba pensando, existía esa línea que corría de ella hacia él, de él hasta ella.

    Duke estaba en el supermercado con Lala y hablaban de un lado a otro, diciendo cosas. platicaban de todo y ella le decía todo lo que ella sabía y ella sabía mucho, por instinto, y Duke no sabía tanto per le decía lo que podía, y funcionaba. eran felices juntos.

    “¿Qué es eso?” preguntó ella.

    “es un coco”

    “¿qué tiene adentro?”

    “leche y cosa masticable”

    “¿por qué están ahí adentro?”

    “porque se sienten bien ahí

  • adentro, toda esa leche y esa cosa masticable, se sienten bien adentro de esa cáscara. se dicen a sí mismas, ‘!oh dios, me siento tan bien aquí adentro!’”

    “¿por qué se sienten bien ahí adentro?”

    “porque cualquiera se sentiría. yo me podría sentir bien.”

    “no no podrías. no podrías manejar tu carro desde ahí adentro, no podrías verme desde ahí adentro. no podrías comer huevos y tocino desde ahí adentro.”

    “los huevos y el tocino no lo son todo.”

    “¿qué es todo?”

    “quién sabe. quizá el interior del sol, congelado y sólido.”

    “el INTERIOR del SOL…? CONGELADO y SÓLIDO?”

    “¿cómo podría ser el interior del sol si estuviera congelado?”

    “bueno,

  • el sol suponemos que es esta bola de fuego. y no creo que lo científicos vayan a estar muy de acuerdo conmigo, pero yo creo que sería mas bien así.”

    Duke cogió un aguacate.

    “¡wow!”

    “si, eso es un aguacate: sol congelado. nos comemos el sol y después andamos por ahí sintiéndonos tibios.”

    “¿está el sol en toda esa cerveza que tomás?”

    “si, está ahí.”

    “¿el sol está adentro de mí?”

    “más que en nadie que jamás haya conocido.”

    “y yo creo que tenés un SOL GRANDOTE adentro de vos.”

    “gracias, mi amor.”

    Anduvieron por ahí, terminando sus compras. Duke no llevó nada. Lala llenó la canasta con cualquier cosa que se le antojase. algunas de las cuales no se podían comer: globos,

  • crayones, una pistola de juguete. un astronauta con un paracaídas que le salía de la espalda cada vez que lo disparabas al cielo.

    a Lala no le agradaba la cajera. le frunció el ceño gravemente. pobre mujer, su cara había sido vaciada a cucharazos — era un espectáculo de horror, y ni siquiera lo sabía.

    “Hola amorcito” dijo la cajera. Lala no le contestó. Duke no le pidió que lo hiciera. pagaron su dinero y caminaron hacia el carro.

    “ellos toman nuestro dinero,” dijo Lala.

    “si.”

    “y entonces tenés que ir al trabajo en la noche y hacer más dinero. no me gusta que salgás de noche. quiero jugar a mama. yo voy a ser mama y vos vas a ser el bebé.”

    “o.k., yo voy a ser el bebé desde ya ¿qué decís, mama?”

    “o.k., bebé, ¿podés

  • manejar el carro?”

    “puedo intentar.”

    luego están en el carro, manejando. algún hijo de puta hunde el acelerador y trata de embestirlos mientras viran a la izquierda.

    “bebé, ¿por qué la gente trata de arrollarnos con sus carros?”

    “bueno, mama, es porque son infelices, y a la gente infeliz le gusta lastimar cosas.”

    “¿no hay gente feliz por ahí?”

    “hay mucha gente que aparenta que está feliz.”

    “¿por qué?”

    “porque están apenados y aterrorizados y no tienen las agallas para admitirlo.”

    “¿vos estás aterrorizado?”

    “yo solo tengo las agallas de admitírtelo a vos – estoy tan cagado, mama, que pienso que me voy a morir en cualquier momento.”

    “bebé,

  • ¿querés tu pacha?”

    “si, mama, pero mejor esperamos a llegar a la casa.”

    manejaron un rato, doblaron a la derecha en Normandía. les era más difícil chocarte cuando virabas a la derecha.

    “¿vas a trabajar en la noche, bebé?”

    “si.”

    “¿por qué trabajás de noche?”

    “es más oscuro. la gente no puede verme.”

    “¿por qué no querés que la gente te vea?”

    “porque si me ven me podrían atrapar y meterme en la cárcel.”

    “¿qué es cárcel?”

    “todo es cárcel.”

    “YO no SOY cárcel.”

    se parquearon y metieron las compras.

    “mama,” dijo Lala, “¡tenemos las compras! ¡soles congelados, astronautas, todo!”

    mama (la llamaban “Mag”), mama dijo, “está bien.”

    luego a Duke: “mierda,

  • quisiera que no tuvieras que salir hoy en la noche. tengo ese presentimiento. ¡no lo hagás Duke!

    “¿tienes ese presentimiento, amor? yo tengo ese presentimiento siempre. es parte de la cuestión. tengo que hacerlo. estamos lavados. la niña tiró de todo en esa canasta, desde jamón enlatado hasta caviar.”

    “¿bueno, por dios, no podés controlar a la niña?”

    “quiero que sea feliz”

    “no será feliz con vos al volante.”

    “mirá, Mag, en mi profesión solo debés entender que tenés que hacer una cierta cantidad de tiempo. no lo sudás. eso es todo lo que hay que hacer. yo he hecho algo de tiempo. he sido más afortunado que la mayoría.”

    “¿y qué tal algún tipo de trabajo honesto?”

    “bebé, es mejor que trabajar en una troqueladora. y no hay ningún trabajo

  • honesto. te morís de una forma u otra. y yo ya voy sobre mi pequeño camino – soy una especie de dentista, ves, sacándole dientes a la sociedad. es lo único que se hacer. es muy tarde. y vos sabés cómo tratan a los ex-convictos. sabés lo que te hacen. yo te he dicho, yo…”

    “Ya  lo que me has dicho, pero…”

    “pero pero peroooo!” dijo Duke, “¡maldita seas, dejame terminar!”

    “terminá entonces.”

    “estos mamavergas esclavos industriales que viven en Beverly Hills y Malibú. esos tipos se especializan en ‘rehabilitar’ convictos, ex-convictos. hacen que esa mierda de libertad condicional huela a rosas. publicidad barata. trabajo de esclavo. la comisión de libertad condicional lo sabe, ellos lo saben, nosotros lo sabemos. ahorrale dinero al estado, hacé

  • dinero para alguien más. mierda. pura mierda. todo. te hacen trabajar tres veces lo que a un hombre promedio mientras ellos le roban a todos dentro de la ley – les venden mierda a diez o veinte veces su valor. pero está dentro de la ley, su ley…”

    “mierda, he escuchado esto tantas veces…”

    “¡y mierda si no lo vas a escuchar OTRA VEZ! ¿crees que no puedo ver ni sentir nada? ¿crees que me debería quedar callado? ¿incluso con mi propia esposa? ¿sos mi esposa, o no lo sos? ¿no cogemos? ¿vivimos juntos, o no?”

    vos fuiste quien la cagó. y ahora estás llorando.”

    “¡TU madre! ¡me equivoqué, un error técnico! era joven; no entendía sus reglas de mierda.”

    “¡y ahora tratás de justificar tu idiotez!”

    “¡oye, eso es bueno! ME

  • GUSTA eso. mujercita. vos, playo. vos, playo. no sos más que una playo en los escalones de la casa blanca, abiertota y mentalmente pútrida.”

    “la niña está escuchando, Duke.”

    “bueno. y voy a terminar. vos, playo. REHABILITAR. esa es la palabra, esos almas de mamavergas de Beverly Hills. ellos son unos hijos de puta decentes y HUMANITARIOS. sus esposas escuchan a Mahler en el Music Center y donan a la caridad, libre de impuestos. y son electas las diez mejores mujeres del año por L.A.Times. ¿y sabés qué te hacen sus ESPOSOS? sos como un perro echado a sus asquerosos pies. te cortan el cheque de pago, se embolsan la diferencia, y nadie responde nada. todo es una mierda ¿nadie puede verlo? nadie puede VERLO?

    “yo…”

    “¡CALLATE! Mahler, Beethoven, ¡STRAVINSKY! hacerte trabajar

  • horas extras por nada. patearte el culo a cada puto momento. y sale UNA palabra de vos, y ya tienen en el teléfono al ofical de libertad condicional: ‘lo siento, Jensen, pero te tengo que decir, tu hombre se robó 25 dólares de caja. y justo nos empezaba a caer bien.’”

    “¿entonces qué clase de justicia querés? por dios, Duke, no sé qué hacer. despotricás y despotricás. te emborrachás y me decís que Dillinger fue el más grandioso hombre que jamás ha vivido. te mecés en tu mecedora, todo borracho, y gritás Dillinger. yo estoy vivo también. escuchame…”

    “¡a la mierda Dillinger! está muerto. ¿justica? en América no hay justicia. solamente hay una justicia. ¡preguntale a los Kennedy, preguntale a los muertos, preguntale a cualquiera!”

    Duke se levantó

  • de su mecedora, caminó al ropero, hurgó bajo la caja de adornos navideños, agarró el arma. una .45.

    “ésta, ésta. ésta es la única justicia en América. ésta es la única mierda que cualquiera entiende.”

    y blandió la condenada cosa por el aire.

    Lala estaba jugando con el astronauta. el paracaídas no se abría bien. un embauque. otro embauque. como la gaviota de ojos muertos. como el lapicero. como Cristo buscando a gritos a su papa con la líneas cortadas.

    “escuchá,” dijo Mag, “guarda ese cañón. Yo voy a conseguir un trabajo. dejame conseguir un trabajo.”

    “¡VOS vas a conseguir un trabajo! ¿cuánto tiempo llevo escuchando eso? para lo único que servís es para coger, por nada, y para pasar echada leyendo revistas y metiéndote

  • chocolates en las tapas.”

    “por dios, no es por nada – YO te AMO, Duke, de verdad te amo.”

    entonces estaba cansado. “está bien, bueno. entonces por lo menos guardá las compras. y cociname algo antes que salga a la calle.”

    Duke puso el arma de vuelta en el ropero. se sentó y prendió un cigarrillo.

    “¿Duke,” preguntó Lala, “querés que te diga Duke o que te diga papi?

    “como sea, amorcito. como vos querrás.”

    “¿por qué hay pelos en un coco?”

    “oh, por dios, no lo sé, ¿por qué hay pelos en mis bolas?”

    Meg salió de la cocina con una lata de chícharos en la mano.

    “no te voy a permitir que le hablés a mi niña de esa forma.”

    “¿tu niña? ¿ves esa lengua de plata en ella? exacta a la mía. ¿ves esos ojos? ¿ves su interior?

  • exacto al mío. tu niña – solo porque resbaló de tu raja y mamó de tus tetas. ella no es la niña de nadie. ella es su propia niña.”

    Insisto,” dijo Mag, “que no hablés así cerca de la niña.”

    “insistís…. insistís…”

    “¡si, insisto!” y sostuvo la lata de chícharos en el aire, balanceada sobre la palma de su mano izquierda. “insisto.”

    “te lo juro, si no quitás esa lata de chícharos de mi vista, entonces que me ayude, dios o no dios, ¡PORQUE TE LOS VOY A METER TODOS, UNO POR UNO, POR EL CULO!”

    Mag caminó hacia la cocina con los chícharos. se quedó en la cocina.

    Duke fue al ropero por su abrigo y por el arma. le dio un beso de despedida a su pequeñita. ella era más dulce que un bronceado de diciembre y que 6 caballos corriendo por una suave colina

  • verde. así lo pensó él; empezaba a golpearle. se escabulló rápido. pero cerró la puerta silenciosamente.

    Meg salió de la cocina.

    “Duke se fue,” dijo la niña.

    “si, yo sé.”

    “me está dando sueño, mama. leeme de un libro.”

    las dos se sentaron juntas en el sillón.

    “¿Duke va a regresar, mama?”

    “si, ese hijo de puta, va a regresar.”

    “¿qué es un hijo de puta?”

    “Duke es uno. lo amo.”

    “¿amás a un hijo de puta?”

    “si,” rió Mag. “si. vení aquí, preciosa, sobre mis piernas.”

    abrazó a la niña, “aw, ¡sos tan tibia, como tocino tibio, donas tibias!”

    “¡yo NO soy tocino y DONAS! ¡VOS SOS tocino y donas!”

    “hoy hay luna llena. muy claro, muy claro. tengo miedo. tengo miedo. dios mío, amo a ese hombre,

  • dios mío…”

    Mag alcanzó una caja de cartón y escogió un libro para niños.

    “mama, ¿por qué hay pelos en un coco?”

    “¿pelos en un coco?”

    “si.”

    “oíme, puse café. escucho el café hervir. dejame apagar el café.”

    “está bien.”

    Meg fue a la cocina y Lala esperó sentada en el sillón. mientras, Duke estaba parado afuera de una licorería en Hollywood y Normandía, preguntándose: qué demonios qué demonios qué demonios.

    aquello no se miraba bien. no olía bien. podría haber un pendejo atrás con una Luger, observando a través de un hoyo. así fue que agarraron a Louie. lo desbarataron como a un pato de arcilla en una parque de diversiones. asesinato legal. todo el hijo de puta mundo nadó en la mierda del asesinato legal.

    el lugar no se miraba bien. tal

  • vez un bar pequeño esta noche. un antro de maricones. algo fácil. suficiente plata para un mes de renta.

    Estoy perdiendo las agallas, pensó Duke. de pronto me vas a ver sentado escuchando a Shostakovitch. se montó de nuevo al Ford negro del ’61.

    y empezó a manejar hacia el norte. 3 cuadras. 4 cuadras. 6 cuadras. 12 cuadras adentro del mundo gélido. mientras Mag sentaba a la niña sobre sus piernas y empezaba a leerle de un libro, VIDA EN EL BOSQUE…

    “la comadreja y sus primos, el visón y la marta pescadora, son criaturas salvajes, ágiles y rápidas. Son comedores de carne, y mantienen una continua y sangrienta carrera por la…”

    entonces la niña hermosa estaba dormida y la luna estaba llena.

Jueves 16 de febrero de 2012

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